Sin PASO y con más cambios, Nación avanza con la reforma electoral rumbo a los comicios de 2027
El oficialismo puso en marcha una ambiciosa Reforma Electoral que apunta a transformar de manera profunda el sistema democrático argentino de cara a las elecciones de 2027. La iniciativa ya comenzó a generar debate político por el alcance de sus cambios y el impacto que podría tener en la estructura de los partidos.
Uno de los ejes centrales del proyecto es la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), vigentes desde 2011. Con esta medida, el Gobierno nacional busca suprimir una instancia electoral que considera costosa y poco eficiente, y avanzar hacia un esquema en el que las candidaturas se definan dentro de cada fuerza política.
La reforma también introduce modificaciones en el financiamiento de los partidos, con una reducción del aporte estatal y una mayor apertura al financiamiento privado. Según el Ejecutivo, el objetivo es mejorar la transparencia y reducir el gasto público asociado a los procesos electorales.
En paralelo, se endurecen las condiciones para que los partidos mantengan su personería jurídica. La propuesta eleva el requisito de representación territorial: las fuerzas deberán acreditar presencia en al menos 10 distritos para ser consideradas nacionales, duplicando la exigencia actual.
Este punto genera preocupación entre los partidos minoritarios o emergentes, que podrían quedar en desventaja frente a estructuras más consolidadas. Sin financiamiento estatal suficiente y con mayores exigencias legales, muchos espacios pequeños podrían desaparecer o verse obligados a integrarse en coaliciones más grandes.
En contrapartida, los partidos con mayor capacidad de recaudación y despliegue territorial aparecen como los principales beneficiarios del nuevo esquema, al contar con recursos para sostener campañas más competitivas.
Otro de los cambios relevantes es la implementación de la Boleta Única de Papel (BUP), que busca simplificar el proceso de votación, garantizar la presencia de todas las opciones electorales y evitar irregularidades como el robo o la falta de boletas en el cuarto oscuro.
La reforma también implica el fin de la tradicional “boleta sábana”, utilizada durante más de un siglo en la Argentina. El nuevo sistema propone concentrar toda la oferta electoral en una única planilla oficial, lo que representa un cambio cultural significativo para el electorado.
El debate legislativo se anticipa intenso, ya que la iniciativa requiere mayoría absoluta en ambas cámaras para su aprobación. Mientras el oficialismo apuesta al argumento del ahorro fiscal para sumar apoyos, sectores de la oposición advierten sobre los riesgos de reducir la participación y la pluralidad política.
En ese contexto, la discusión sobre la reforma no solo pone en juego el funcionamiento del sistema electoral, sino también el equilibrio de fuerzas y la representación política en la Argentina que viene.

